Me rindo. No puedo más. No lloro y tampoco sufro y, aún así, sigo recordándote. Y
pues, ¿de qué me sirvieron tantas palabras si a mi lado ya no sigues? Me propuse
ser alguien especial que marcase tu vida y, sin embargo, fui “una más en el
bote”. Sigo preguntándome, cada mañana, por que sigues en mi mente después de
haber transcurrido tanto tiempo. Por qué sigo recordando cada palabra, cada
beso, cada abrazo, cada caricia tuya.
Por
qué sigo sintiendo con tanta fuerza el querer volver a tener tu presencia, a
volver a tenerte a mi lado. Quisiera que
todos y cada uno de esos instantes que pasamos juntos, se quedaran, al fin, en
el frio y oscuro olvido y jamás de los jamases, volviesen a aparecer. Quisiera
decir que no quiero volver a verte nunca más… pero creo que me estaría
engañando a mí misma. No guardo rencor
ni tampoco odio sobre ti. No nos ilusionemos. Tampoco siento amor y, mucho
menos, cariño. O tal vez sí. Ya no sé qué siento, qué quiero y qué añoro…
Pienso que tan solo sé que te necesito.

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