17 de diciembre de 2012

Explícame

Cuéntame como te fue durante este tiempo.¿Qué has hecho? ¿Has salido mucho de fiesta?, para qué pregunto (a continuación de una carcajada falsa), si sé que cuál es la respuesta. Van contando por ahí que me buscas en sueños, pero no me encuentras. Dicen que ya no eres el mismo desde que ya no estoy en tu vida. ¿Qué te ha pasado? Te noto distinto. Ah, ya sé. La sonrisa, ya no es la misma. Rumorean que te pasas las noches mirando nuestras conversaciones. Que mientras recuerdas lo bien que lo pasamos esos días de verano, me vas escribiendo. Pero luego, mantienes una pequeña discusión entre tu orgullo y tus sentimientos y, por lo visto, aunque nada nuevo, siempre gana el orgullo.Borras lo escrito y te vas a la calle a despejarte, a olvidarle todo. Dime, ¿qué se siente el perder a alguien a quien quieres por miedo a tener otra historia fallida? ¿Qué se siente al estar por las calles de Ninguna Parte, dándole caladas al porro con la intención de no volver a pensar en lo mismo una y otra vez? ¿Cuántos porros te has tenido que fumar pretendiendo dejar de una vez el pasado? Tu mirada dice muchas cosas que con palabras no sabes gesticular y, por esa forma de temblar que tiene tu pierna y con la fuerza que estás apretando el puño, intuyo que has vuelto a pelearte. Me han explicado que estallaste de rabia cuando pensaste que te había barrado la única manera de comunicarte conmigo. Sí, barré la única manera de comunicación que teníamos. ¿Para qué ofrecerle mi dignidad a la tentación? Dime, ¿qué buscas de mí? “Nada” me dices. Pides una amistad en vez de una relación, por temer al amor y luego, desesperadamente, me buscas por todas partes para saber de mí. Demuestras enfadarte conmigo pero, en realidad, te enfadas contigo mismo por haber cometido tan grave error. No me culpes por haberte querido, tampoco por haber aparecido en tu vida. Cúlpate a ti por no haber sabido lo que querías en tu vida.
Me han comentado que has cambiado. Ya no sonríes y parece que vivas amargado, como con resentimiento. Tus ojos ya no brillan. Se apagan, un poco más, cada día que pasa. Ya no ves a nadie, andas solo por las calles intentado pensar que nada ha ocurrido y, si llegas a casa, entras en silencio a tu habitación y solo haces que estirarte en la cama. No cenas, no comes. Estás cada vez más delgado.
En ningún momento de mi vida, te deseé el mal. Quise que entendieras que es sufrir por alguien a quien pierdes por una real estupidez. Ahora, que supongo que lo has entendido, olvídate de mí, sigue tu vida, por favor. (Se desliza una lágrima por su mejilla mientras se va. Le duele, le cuesta, pero quiere olvidarlo tanto como él quiere olvidarla a ella).

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