
Cuéntame
como te fue durante este tiempo.¿Qué has hecho? ¿Has salido mucho de fiesta?, para qué pregunto (a
continuación de una carcajada falsa), si sé que cuál es la respuesta. Van
contando por ahí que me buscas en sueños, pero no me encuentras. Dicen que ya
no eres el mismo desde que ya no estoy en tu vida. ¿Qué te ha pasado? Te noto
distinto. Ah, ya sé. La sonrisa, ya no es la misma. Rumorean que te pasas las
noches mirando nuestras conversaciones. Que mientras recuerdas lo bien que lo
pasamos esos días de verano, me vas escribiendo. Pero luego, mantienes una
pequeña discusión entre tu orgullo y tus sentimientos y, por lo visto, aunque
nada nuevo, siempre gana el orgullo.Borras
lo escrito y te vas a la calle a despejarte, a olvidarle todo. Dime, ¿qué se
siente el perder a alguien a quien quieres por miedo a tener otra historia
fallida? ¿Qué se siente al estar por las calles de Ninguna Parte, dándole
caladas al porro con la intención de no volver a pensar en lo mismo una y otra
vez? ¿Cuántos porros te has tenido que fumar pretendiendo dejar de una vez el
pasado? Tu mirada dice muchas cosas que con palabras no sabes gesticular y, por
esa forma de temblar que tiene tu pierna y con la fuerza que estás apretando el
puño, intuyo que has vuelto a pelearte. Me han explicado que estallaste de
rabia cuando pensaste que te había barrado la única manera de comunicarte
conmigo. Sí, barré la única manera de comunicación que teníamos. ¿Para qué
ofrecerle mi dignidad a la tentación? Dime, ¿qué buscas de mí? “Nada” me dices.
Pides una amistad en vez de una relación, por temer al amor y luego,
desesperadamente, me buscas por todas partes para saber de mí. Demuestras
enfadarte conmigo pero, en realidad, te enfadas contigo mismo por haber
cometido tan grave error. No me culpes por haberte querido, tampoco por haber
aparecido en tu vida. Cúlpate a ti por no haber sabido lo que querías en tu vida.
Me
han comentado que has cambiado. Ya no sonríes y parece que vivas amargado, como
con resentimiento. Tus ojos ya no brillan. Se apagan, un poco más, cada día que
pasa. Ya no ves a nadie, andas solo por las calles intentado pensar que nada ha
ocurrido y, si llegas a casa, entras en silencio a tu habitación y solo haces
que estirarte en la cama. No cenas, no comes. Estás cada vez más delgado.
En
ningún momento de mi vida, te deseé el mal. Quise que entendieras que es sufrir
por alguien a quien pierdes por una real estupidez. Ahora, que supongo que lo
has entendido, olvídate de mí, sigue tu vida, por favor. (Se desliza una
lágrima por su mejilla mientras se va. Le duele, le cuesta, pero quiere
olvidarlo tanto como él quiere olvidarla a ella).
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