22 de diciembre de 2012

Dejemos el pasado en el rincón de los recuerdos


Y transcurren los días sin conocimiento, las noches se vuelven eternas despertando con la misma pesadilla a cada minuto que pasa. Y ya no quiero soñar, vivir durmiendo, imaginarme largas historias con infinitas ironías. Ya nada parece ser lo mismo. Busco entre sábanas y almohadas la explicación de su ausencia. Puesto que ya no vivo, no siento, no río y tampoco lloro me escondo en las oscuridades, con la intención de que nadie me encuentre. Dentro de mí, la última llama de esperanza ha acabado por apagarse.

Con la intención de encontrar su olor que le identifica, su presencia que se halla en paradero desconocido, su radiante sonrisa sus ojos expresivos, vago por las calles de Berlín sin obtener resultado. 
Parece que va a llover. Gota tras gota caen sobre la ciudad de Bélgica. En cuestión de segundos, se observa lo  mojado que está el suelo, lo rápido que se inunda la ciudad de paraguas de tipo de colores y, como otros que no tienen con qué resguardarse huyen de la lluvia tan rápido como pueden.
Solamente una persona sigue su camino sin importarle lo mojada que está. Plantada en frente del lugar donde todo tuvo comienzo, donde, al parecer, el resto del mundo desaparecía en el momento que se perdían entre miradas, donde nada parecía ponerle fin a ese hermoso cuento de hadas… hasta que un día despertó sin su cálida presencia. Sí, era cierto. Sin saber por qué, las sábanas estaban vacías, solamente quedaba el rastro de su perfume. Todo permanecía en silencio. Ya no se oía de fondo, el canturrear dulce de buena mañana. Se quedó esperando incontables mañanas, sentada en la cama, su vuelta. Pero ya no hubo regreso.
Pasaron meses des de entonces y un día, sin más pensarlo, vio que los cuentos de hadas, ya no existen y las historias sin fin, tampoco.
Volvió empapada a casa. Decidida, se dirigió al armario para poner en mano un objeto de color caramelo. Era una caja. La abrió y sacó aquellos recuerdos que tanto seguía guardando des de hacía ya tanto tiempo. Se encaminó hacia el balcón con la intención de deshacerse de todo ese dolor que le comía por dentro. Tiró todas y cada una de las prendas que contenía la caja. Poco a poco se fue observando cómo la ligereza que tiene una camisa de algodón, obtenía, cada vez más rápido, el peso de las gotas de agua. Finalmente, todo aquello tuvo su fin, y acabó por ser sumergido en un olvido de charcos y ruedas vehiculizadas.
Ése mismo instante, supo que debía depender de sí misma y encontrar la felicidad, sin la necesidad de tener a nadie al lado.♥
PD: Alguien con ganas de vivir… ¡!

17 de diciembre de 2012

Life your dreams when you wont

Ha pasado exactamente un mes. Se somete a una gran lucha día a día, por conseguir olvidarle. Pero son personas, recuerdos, palabras, historias, canciones que no le permiten dar un paso al frente para poder continuar con su vida, poder seguir adelante, valorando lo que es realmente importante para ella. No puede más con su alma, cada minuto que pasa, es un minuto de llanto sin lágrima. Cada noche que cae, es un mar de dolor y muerte. Le echa tanto de menos… nadie imagina, nadie entiende, nadie comprende todo lo que está pasando, todo lo que ha llegado a llorar por él, todo lo que estaría dispuesta a hacer para que todo vuelva a ser como aquel 29 de Julio de 2012. Le cuesta tanto olvidarle… si no es porque le preguntan como le va con él, es porque ella misma quiere contarlo, porque quiere recordarlo, porque cada vez que habla de ello, se siente bien, es… como si pudiese volver a sentirlo cerca, como si nunca se hubiesen dicho adiós. Cuando habla de él, las personas que la rodean, se dan cuenta que se le iluminan los ojos, le radian de felicidad, le sale una sonrisa cada vez que lo nombra, ríe al explicar alguna tontería que hicieron juntos. Ella volvió a encontrar la alegría cuando lo conoció, pero ahora que lo ha perdido ha vuelto a reencontrarse con la amargura. Teme no volver a separarse de ese mal estar. Le comen por dentro todas y cada una de las preguntas que se hace, al no entender nada… Muchísimas veces quiere pensar que él también piensa en ella algún que otro día… que tal vez sienta algo, pero por orgullo no lo dice… pero finalmente acaba por convencerse de que sería mentirse, hacerse daño e ilusiones , de una manera muy bruta, aunque siga llorando a escondidas cada día que pasa. Lo que no llega a entender muy bien, es el por qué de tener tanta necesidad de tenerlo cerca, de echarle tanto de menos, de pensar que su felicidad depende de él… Preguntas incomprensibles, que hacen que se apague cada vez más, la llama que la sostiene en pie. Pide consejo y no encuentra la respuesta correcta a lo que debe hacer. Desea tanto volver a verlo, que estaría dispuesta a dar una parte de su alma, con tal de que las cosas vuelvan a ser como al principio, sin preocupaciones, solamente cariño. Ansia por escribirle todo lo que siente, pero teme desilusionarse al no ver respuesta. Quiere luchar por él, pero no es nada fácil. Él, no se deja querer, no permite que nadie entre en su corazón, tampoco revela sus sentimientos… Pero le quiere tanto… que estaría dispuesta a aguantar la lucha durante mucho tiempo y no cansarse, rechazar a personas que tal vez merezcan más la pena, pasarse los días paseando por las calles donde pasaron ahí las tardes.

Piérdete entre sueños e ilusiones


Desde pequeños nos explican cuentos de hadas, historias de princesas que besan sapos, de tragedias convertidas en alegría, de animales que hablan, de seres místicos que nos visitan cada noche para despedirse del largo día vivido, de amores perdidos que al tiempo vuelven a encontrarse, de personajes rechazados por hermanastras convertidos en princesas, de mundos diferentes y de alfombras que vuelan por encima de las nubes.
¿Qué bonito verdad? Y el caso es que la vida pasa, vamos creciendo y queremos que ésas historias que nos contaron, se hagan realidad. Pero siempre aparece un adulto, que definitivamente ya no cree en “pamplinas”, como dicen ellos, y te hacen bajar a un mundo muy diferente del que te explicaron de pequeño. -"¡Qué horror!" -piensan algunos, y luchan por volver ahí donde estaban. Otros, sin embargo, se acostumbran y se vuelven adultos. Dicen que es esa famosa etapa por la que pasa todo niño: La adolescencia. Y… hacen un cambio muy raro. Eso que hacen las frutas… ¡madurar! Vaya, que extraño suena, ¿verdad? Yo tengo quince años y dicen que con el paso del tiempo voy madurando. Pero, ¿de que me sirve madurar a mí? Si madurar para algunos es ver lo que de verdad es el  mundo, de ser consciente de que los cuentos de princesas no existen, de despertarse cada mañana para volver a una rutina sin sentido… ¿para eso tengo que madurar? Muchos son maduros, dicen, pero siguen buscando en el día a día un resquicio de fantasía, un príncipe que nos haga soñar a todas las princesas perdidas por bosques encantados, una reina mala contra la que luchar, un caballo alado que lleve a algún sitio desconocido, una manzana envenenada que deja dormido a todo aquel la saborea… un sueño hecho realidad, un castillo con un zapatito de cristal perdido, muñequitos de madera que les crece la nariz al mentir, un amor de verdad, un amor perfecto.
“Soy madura” dicen algunas, cuando la realidad es que solo esperan dormirse para volver a la historia que dejaron la noche anterior.

 Han pasado solamente seis días, y como si fueran años. Veinticuatro horas se hacen eternas. La intención de quedarse dormida para no pensar en él, ya no funciona. Todos y cada uno de sus despertares son con su rostro clavado en la mente. Sonríe. Su vida ha cambiado. Cuarenta y ocho horas han transcurrido, la cara le ha cambiado. Parece haber encontrado ilusión, pero en el fondo sigue en sus pensamientos todos los recuerdos que tanto ansia ella por olvidar. Pensaba haberlo dejado en el pasado. Recorre calles y ve la imagen de dos personas paseando, felices por verse, alegres por estar juntas. Mientras hablan se nota que están hechos el uno para el otro.
De vuelta a casa se da cuenta que esa imagen era creada por su mente, una imagen de él y de ella. No hay comprensión ninguna a lo que les pasó. Nadie lo entiende. Un día sin más pensarlo, se acabó y se dio fin a una historia que no tenía lugar ni sentido en el tiempo.
Lo hecha en falta. Quiere volver a sentirlo cerca. Nota que cada día que pasa hay menos posibilidades de volver a llenar el vacío que le quedó dentro. Va a cerrarse en banda al amor. No quiere a nadie más, solo a él. Le entregan cien corazones al día y todos son rechazados. No los quiere. Quiere solamente el de una persona que se desvaneció en el transcurso de las agujas del reloj, en cada huella marcada en la fina arena de la playa, en cada minuto aprovechado, viviendo el presente sin pensar en un futuro cercano. Por cada sentimiento callado con el silencio, en cada sonrisa provocada por una simple mirada. Esa persona perdida entre callejuelas nombradas con palabras que se refieren a momentos pasados, dice ya no querer enamorarse, no volver a querer a nadie, no arriesgarse a perder a alguien. Demuestra tener miedo. Miedo a ser feliz, a ser más fuerte, a los cambios en su vida. El orgullo, la soberbia, el resentimiento, el odio cierran sus puertas a todo lo que quiere, a lo que tanto teme. Enamorarse. 

Explícame

Cuéntame como te fue durante este tiempo.¿Qué has hecho? ¿Has salido mucho de fiesta?, para qué pregunto (a continuación de una carcajada falsa), si sé que cuál es la respuesta. Van contando por ahí que me buscas en sueños, pero no me encuentras. Dicen que ya no eres el mismo desde que ya no estoy en tu vida. ¿Qué te ha pasado? Te noto distinto. Ah, ya sé. La sonrisa, ya no es la misma. Rumorean que te pasas las noches mirando nuestras conversaciones. Que mientras recuerdas lo bien que lo pasamos esos días de verano, me vas escribiendo. Pero luego, mantienes una pequeña discusión entre tu orgullo y tus sentimientos y, por lo visto, aunque nada nuevo, siempre gana el orgullo.Borras lo escrito y te vas a la calle a despejarte, a olvidarle todo. Dime, ¿qué se siente el perder a alguien a quien quieres por miedo a tener otra historia fallida? ¿Qué se siente al estar por las calles de Ninguna Parte, dándole caladas al porro con la intención de no volver a pensar en lo mismo una y otra vez? ¿Cuántos porros te has tenido que fumar pretendiendo dejar de una vez el pasado? Tu mirada dice muchas cosas que con palabras no sabes gesticular y, por esa forma de temblar que tiene tu pierna y con la fuerza que estás apretando el puño, intuyo que has vuelto a pelearte. Me han explicado que estallaste de rabia cuando pensaste que te había barrado la única manera de comunicarte conmigo. Sí, barré la única manera de comunicación que teníamos. ¿Para qué ofrecerle mi dignidad a la tentación? Dime, ¿qué buscas de mí? “Nada” me dices. Pides una amistad en vez de una relación, por temer al amor y luego, desesperadamente, me buscas por todas partes para saber de mí. Demuestras enfadarte conmigo pero, en realidad, te enfadas contigo mismo por haber cometido tan grave error. No me culpes por haberte querido, tampoco por haber aparecido en tu vida. Cúlpate a ti por no haber sabido lo que querías en tu vida.
Me han comentado que has cambiado. Ya no sonríes y parece que vivas amargado, como con resentimiento. Tus ojos ya no brillan. Se apagan, un poco más, cada día que pasa. Ya no ves a nadie, andas solo por las calles intentado pensar que nada ha ocurrido y, si llegas a casa, entras en silencio a tu habitación y solo haces que estirarte en la cama. No cenas, no comes. Estás cada vez más delgado.
En ningún momento de mi vida, te deseé el mal. Quise que entendieras que es sufrir por alguien a quien pierdes por una real estupidez. Ahora, que supongo que lo has entendido, olvídate de mí, sigue tu vida, por favor. (Se desliza una lágrima por su mejilla mientras se va. Le duele, le cuesta, pero quiere olvidarlo tanto como él quiere olvidarla a ella).

15 de diciembre de 2012

No lo des por perdido



  • ¡Hey! -Dijo él, con los ojos iluminados.
  • ¿Qué te pasa?
  • Nada, no esperaba volver a verte. –Dijo ella, apartando la mirada.
  • Ya, yo tampoco después de aquello…
  • Si… aquello.
  • ¿Y cómo te va todo?
  • Estupendamente.
  • ¿Ah, si?
  • No.
  • ¿Qué es lo que ocurre?
  • Que, ¿qué es lo que ocurre? Ocurre que después de meses sin verte, sin saber nada de ti, sin tener pensamientos sobre ti, sin llorar por algo que no merecía la pena, de no recordar todos los momentos vividos, después de haberme obligado a no volver a enamorarme, de sentir lo que sentí contigo, de rechazar a todo hombre que quiso entrar en mi vida… de pensar que finalmente te pude olvidar, apareces tú y, me haces dar cuenta, que aún no te he borrado de mi memoria por mucho que me obligue a creerlo.
  • Claro, no digas nada. Siempre fuiste y serás así.
[Sin más pensarlo, él, la besa dejando atrás todo lo dicho. A ella se le cae una lágrima.]

  • Hace meses que no sabes nada de mí, porque desaparecí del lugar.
  • ¿Por qué?
  • Por ti. Porque me arrepentí de haber dejado escapar a la mujer que de verdad se interesó por mí. Desde la última vez que te vi, no he podido dejar de recordar todos y cada uno de los pequeños momentos que vivimos juntos, no he dejado de revivir tus miradas, tus caras, tus tonterías, esa manera de ser tan especial que tenías conmigo. Tampoco he podido olvidar, el momento en el que te pusiste a llorar por miedo a perder esa historia tan bonita que tuvimos… Yo en vez de saber valorarlo, te pedí una amistad cuando en verdad quería tu amor, tu cariño, tu sonrisa, tus ánimos… cuando en verdad, te necesitaba a ti.
Desde que te dejé, solo he hecho que culparme por haber cometido tan grave error.
  • No sé que decirte.
  • No digas nada. Solo quiero que escuches esto: Tenías razón.
  • Razón, ¿en que?
  • En que tenía miedo. Miedo a volver a ilusionarme con una chica y después, a cambio, recibir un disgusto por su parte. Sé que tenías razón, pero en ese momento no te supe escuchar ni tampoco supe entender todo lo que estabas haciendo por mí. Lo siento muchísimo. – Se le cae una lágrima.
[Ella le abraza]
  • Te dije un día que te esperaría, y eso he hecho. –Le susurra ella al oído.

Recuerdos y promesas rotas


Pasan los días en vano. Hace ya tres meses de lo ocurrido y sigue dándose cuenta que no lo ha olvidado, que lo quiere, que lo ansia, que lo hecha de menos. El otro día la vi sentada en la silla, frente la ventana. Tenía una mirada fija, como si le faltara algo, como si no tuviese alma. Observé que cada vez que oía el timbre de una bicicleta se asomaba para ver si era él, si regresaba. Pero una y otra vez, al ver que no era quien esperaba volvía a sentarse de nuevo en la silla y volvía a emerger la mirada en la nada, de vuelta sin alma.
Llevo días analizando toda acción que realiza. Se levanta unos días a las 6, otros días a las 7 y hay varios días que no sabe como pegar ojo. Una vez despierta, se sienta en el borde de la cama y se queda inmóvil durante cinco minutos exactos, se vuelve a estirar, se encoge como si tuviese frío y se queda con la mirada fija en la pared sin decir palabra. No suele quedarse mucho tiempo ya que tiene que ir a la escuela y no debe faltar a clase, como bien prometió. Sin fuerza ninguna se levanta de la cama y se dirige al armario para elegir la ropa del día. No suele tardar mucho en escogerla, le es fácil ya que no le importan mucho las pintas que lleva a la escuela. Hace tiempo dejó de preocuparse por su aspecto. Se mira en el espejo con temor a ver lo que encuentra. Su cara demuestra rasgos de horror y asco, se toca la cara y parece ser que no se reconoce. Se analiza todas y cada una de las curvas de su cuerpo y nota una diferencia. Está más delgada y pálida cada día que pasa. Sin más contemplación, se viste y hace la mochila. Piensa en lo que le falta y en lo que tiene y murmura con voz muy tenue “me falta él, tener, ya casi no tengo nada”. Va al aseo a intentar arreglar las ojeras que cuelgan bajo los ojos, por la causa de llorar día sí y día también. Se peina y se fija en la cantidad de pelo que está dejando en el cepillo. Ya le parece algo muy normal. Creyendo que ya lo tiene todo, coge las llaves para encontrarse con otra pesadilla más, el colegio. Llega en silencio, todo el mundo la mira y empiezan a cuchichear a voces bajas. Ella no es tonta, se da cuenta, pero ya no le importa. Pasan las horas en clase, ella atiende, toma apuntes pero parece estar en otra parte. Hora del patio, ella se une a las chicas que le acogieron el primer día. Todas hablan y comentan rumores del colegio, cotilleos de personas, cosas sobre chicas… ella sin embargo, está sentada a su lado pero vuelve a perder la mirada a la nada, hasta que toca el timbre, vuelve en sí y parece que haya reconocido ese timbre, con los ojos abiertos con una chispa de esperanza mira de un lado a otro buscando de donde procede. Al descubrir el lugar de donde provenía, los ojos, que se habían iluminado, se vuelven a apagar acompañados con una mirada triste y, de vuelta, sin vida. Noto que mientras va con la cabeza gacha, se deslizan por sus mejillas de porcelana unas lágrimas frías y cristalinas que se rompen nada más llegar al suelo. Enseguida se las seca y entra corriendo a clase. Vuelven a pasar las horas, con la mirada ausente, hasta la hora de comer. En la salida, en vez de dirigirse a casa, se va perdiendo por las calles del barrio, reviviendo todos los pasos recorridos una mañana cálida y veraniega de principios de agosto. 15.30, de vuelta a las clases para terminar el día. Ahora, ya casi no presta atención al profesor y tampoco a los compañeros que algo le comentan. Dicen que es rara, porque desde que llegó no habla y tampoco sonríe. Han intentado comunicarse con ella pero no hay manera y, en casa, tampoco saben que hacer. De vuelta a casa, se para en frente de un banco. Permanece ahí unos pocos segundos y a prisas entra en el portal de casa. Nada más llegar, se encierra en la habitación y no vuelve a salir de ahí hasta la hora de cenar. Comen en silencio. Madre y padre se miran entre los dos intentando gesticular alguna palabra. Cuando finalmente deciden qué decir, ella se levanta, lleva su plato al fregadero y se vuelve a encerrar en la habitación. Antes de irse a dormir todos, la puerta suena, “toc, toc”. No hay respuesta. Se desliza hacia abajo el pomo de la puerta y por la rendija aparece el rostro de su madre, que la mira preocupada y le dice con voz suave: “Buenas noches, cariño”. Sin respuesta, de nuevo. Ella, mientras, se vuelve a encontrar sentada frente la ventana, emergida en la nada, sin alma, como ausente, como sin vida.

13 de diciembre de 2012

¿Y si solamente te necesitase a ti?


Me rindo. No puedo más. No lloro y  tampoco sufro y, aún así, sigo recordándote. Y pues, ¿de qué me sirvieron tantas palabras si a mi lado ya no sigues? Me propuse ser alguien especial que marcase tu vida y, sin embargo, fui “una más en el bote”. Sigo preguntándome, cada mañana, por que sigues en mi mente después de haber transcurrido tanto tiempo. Por qué sigo recordando cada palabra, cada beso, cada abrazo, cada caricia tuya.

Por qué sigo sintiendo con tanta fuerza el querer volver a tener tu presencia, a volver a tenerte a mi lado.  Quisiera que todos y cada uno de esos instantes que pasamos juntos, se quedaran, al fin, en el frio y oscuro olvido y jamás de los jamases, volviesen a aparecer. Quisiera decir que no quiero volver a verte nunca más… pero creo que me estaría engañando a mí misma.  No guardo rencor ni tampoco odio sobre ti. No nos ilusionemos. Tampoco siento amor y, mucho menos, cariño. O tal vez sí. Ya no sé qué siento, qué quiero y qué añoro… Pienso que tan solo sé que te necesito.

Su voz me hace falta ♥


Cuando crees que el mundo te pisotea cada vez más, cuando te resignas a perder a aquel a quien pierdes, cuando casi estás convencida de que ya no volverás a ser la misma, de que ya no volverás a verle nunca más… cuando ya tienes claro que lo tienes que olvidar… "ALGO" dentro de ti, te dice que sigas luchando, no sabes ni por qué ni cómo. Pero te despiertas una mañana, decaída, como siempre, y algo recorre entre tus venas, avisándote de que hoy pasará algo que no esperabas que pasara. Impresionante reacción, cuando te tragas el orgullo, que te lleva ganando durante tanto tiempo, y decides enviarle un mensaje, corto pero que lo diga todo: "¿Te puedo llamar?". Y sentir cómo la sangre que recorría tus venas, empieza a arder, cuando recibes su respuesta. Una llama de calor te envuelve en el cuerpo pero, a la vez, de tantos nervios se te congelan las manos y te cuesta pulsar las teclas del móvil.
 Y es impresionante ver como una simple llamada puede cambiar tu estado de ánimo en pocos segundos. Sentir que el corazón te late a mil por hora al sentir su voz grave, pero a la vez dulce. Decirle todo lo que sientes, y que mientras hablas, la voz te tiembla porque estás nerviosa… Soltarle todo lo que sientes en pocos minutos y que su respuesta te haga sonreír. Y cuando tú ya lo tienes todo dicho, te sientes bien contigo misma, y al ver que posiblemente todo vuelva a ser como antes, te hace ser la chica más feliz del mundo. Porque por fin, has dejado de ver el mundo en blanco y negro, poco a poco lo vas viendo en color, y notas correr por tu sangre la alegría de volver a ser feliz durante un instante por un insignificante motivo: oír, de nuevo, su voz♥

Entrevista


-          ¿Te han roto alguna vez el corazón?
-          Si… aunque no es la primera vez.
-          ¿Y entonces porque lloras?
-          Lloro porque me siento estúpida por haber creído en un cuento de hadas que se podría haber hecho realidad. Porque creía vivir en un mundo paralelo al mío. Donde todo era posible. Hasta que llega el momento en el que piensas que ya nada puede ser peor y te sorprenden con el “quiero que seamos amigos”.
-          ¿Crees que es el fin de una nueva etapa?
-          No. Creo que es el fin de la confianza en el amor.
-          ¿Te gustaría no haberlo conocido?
-          No. Porque si no lo hubiese conocido, en estos momentos, no sabría que todos son iguales. Que lo único que buscan es el sexo. Que no saben valorar lo que haces por ellos.  Entonces un día, tal vez muy lejano, se den cuenta de que tu fuiste lo mejor que ha pasado por su vida y es ahí, donde llega el momento de arrepentirse, de llorar por las esquinas la pérdida de la mejor mujer de su vida, la súplica del perdón y el olvido para volver a empezar una historia sin sentido.
-          ¿Crees que volverás a verle?
-          Sí, tal vez. El día que se dé cuenta que yo de verdad lo quería. Que él no era un capricho.
-          No piensas que a lo mejor…
-          A lo mejor… ¿qué? ¿Que por perder mi virginidad con él, me sienta obligada a estar a su lado? Es posible, aún no estoy muy segura.
-          ¿Te arrepientes de lo ocurrido?
-          Ciertamente, no lo sé.
-          ¿Te duele?
-          ¿El corazón? Bastante. Parece que cada latido tiene menos fuerza, parece como si le faltara aire o tal vez sangre para bombear. A veces siento que no late, que tal vez esté muerta y vaya divagando por las calles de Alguna Parte, perdida en algún rincón con la intención de no ser encontrada nunca jamás, con la intención de morir cuando ya no tenga fuerzas, cuando ya no tenga ganas de vivir, de sentir… De sentir el acariciar del viento, el suave olor a sonrisa o felicidad, la dulce mirada de unos ojos sinceros, las amargas palabras de un mentiroso…
-          Seme sincera. ¿Qué es para ti vivir?
-          ¿Vivir? Esa palabra se desvaneció de mi mente desde hace ya un tiempo.
-          ¿Cuál fue el motivo?
-          Su pérdida. Me sentí muy sola al despertar aquella mañana de verano, sabiendo que él jamás regresaría… me ahogué en mis propias lágrimas de dolor y me hundí entre las sábanas de seda que una noche fueron envueltas en nuestros cuerpos.
-          ¿Lo quieres?
-          Lo aprecio, lo tengo cariño, pero dudo que lo quiera… o tal vez sea tan masoquista de querer arriesgarme a decir que lo quiero, que puedo llegar a pensar que mi vida depende de él.
-          ¿Por que?
-          Porque me hizo sentir especial en tan solo tres días. Mostró interés como nadie antes lo había demostrado. Supo decirme con miradas lo que no sabía decir con palabras. Su sonrisa me envolvía en una capa cálida de felicidad. Cuando sus yemas de los dedos me acariciaban lentamente las mejillas, sabía perfectamente que lo hacía con ternura, y es más, su dulce carita lo demostraba, o eso creo que imaginaba mi mente.
-          ¿Piensas que ha sido todo un sueño?
-          He pensado tantas cosas que ya no sé que puede ser cierto y lo que no. Recuerdo instante por instante todo lo vivido y, es que, muchas veces lo recuerdo de tal manera… que parece haber sido ayer. ¿Qué haya sido un sueño? Sueño tanto que ya no distingo la realidad de la ficción. No se me ha pasado por la mente que todo lo sentido haya sido una farsa. Que a lo mejor me esté creyendo que siento dolor y que las lágrimas que caen por mi rostro, solo son imaginaciones mías. Me encantaría tanto que fuese todo un sueño… pero si estoy en lo cierto, todo ha ocurrido. Sigo llorando en silencio la pérdida de un individuo. Rompiéndome cada día un poco más hasta llegar a destrozarme del todo y no poder, nunca más, reconstruirme y vivir, para los restos, en un mundo cálido y luminoso.
-          ¿Qué piensas hacer?
-          Sinceramente, nada. Ya todo está hecho.
-          ¿El qué, está hecho?
-          El destrozarme, el obligarme a no volver a sentir. El no querer… El estar más débil cada minuto que pasa. El solamente tener en mis pensamientos su nombre, su sonrisa, sus ojos… El ya no quererme a mi misma por el hecho de que ya no me quieran… El vivir estando muerta… El pensar que solamente hay un fino hilo que te separa entre la vida y la muerte y la de ganas que tienes de romperlo para acabar con todo este sufrimiento, éste ahogamiento, éste dolor...
-          Para ti, ¿qué es amor?
-          ¿AMOR? Para mí, amor es sinónimo de muerte, soledad, fin de los sentimientos bellos que uno haya podido tener.
-          Última pregunta. ¿Qué deseas en este momento?
-          Deseo pasar la vida junto a él.
-          ¿Nada más?
-          ¿Es mucho pedir a caso?
-          Hombre no… pero teniendo tú 15 años…
-          Ya lo sé. Y pensarás que son bobadas de niña tonta. Pero si me he arriesgado a decir que le quiero, me arriesgaré a, decir también, que quiero pasar la vida junto a él. O eso, o la muerte misma.
            Sí, soy caprichosa. Pero cuando quiero algo de verdad lo quiero y para siempre.
-                       -Fin de la entrevista.