17 de enero de 2013

A día de hoy



Puestos a pensar en ti, intuyo que han pasado 4 meses desde que nos conocimos, desde que tus labios tocaron los míos, desde que me diste el primer abrazo en la primera noche, desde la primera llamada que realizaste dirigiéndote a mi, desde la primera vez que me dijiste que me echabas de menos, desde que te preocupaste por mi, desde que demostraste que te importaba, al menos un poco… Llegados a este punto pensé que definitivamente habías salido de aquello que se llama corazón, pero en todo momento, por mucho que sienta que te odio por todo lo que me hiciste pasar, de mi mente no te he sacado. Apareces por lo menos una vez al día por ella. Tal vez sea que todo me recuerda a ti, palabras, hechos, risas, o simplemente, un insignificante cigarrillo.
Perdóname por no haberte olvidado aún. Te juro que lo he intentado con todas mis fuerzas. He llegado a tener pesadillas, a gritar hasta quedarme sin voz, a llorar con la intención de no volver a derramar una lágrima más por ti. Y aquí me ves, delante de ti, con los ojos empapados de agua salada. Una agua que solo cae por los ojos que emiten tristeza. Tal vez te preguntes porque sea tristeza. Simple, porque son cuatro meses y podrían llegar a ser cinco, y seis, y siete porque en un insignificante segundo, te quise.


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